A Bangkok con Emirates: dejando el sumun muy atrás

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Algunas experiencias pueden calificarse de buenas; otras, de excelentes; algunas van incluso más allá de la excelencia. Subiendo el ranking de calificaciones, están también aquellas vivencias tan fabulosas que resultan difíciles de describir; e incluso las que entran de lleno en el campo de las indescriptibles.

Luego, está la disfrutar de un vuelo a Bangkok con Emirates.

Podríamos, ciertamente, hablar de las maravillas de un destino exótico, de película en casi todos los sentidos; podríamos hablar de los placeres para el cuerpo y para el alma que nos reserva el cada vez más occidentalizado Oriente. Podríamos. Pero sería injusto comenzar a relatar un viaje de placer in media res.

Como tampoco nos interesa en exceso el proceso de preparación de una aventura, al menos en el presente escrito, vamos a hablar del viaje en sí, desde unas horas antes de que el avión se eleve, hasta que toca tierra (siempre nos ha gustado como suena el touchdown! que se oye cuando una lanzadera aterriza, ¿se dirá lo mismo cuando lo hace una aeronave de lujo?).

Una aerolínea premiada con justicia

Hemos elegido esta compañía porque ofrece vuelos diarios al mencionado destino, aunque también lo hemos hecho por la elevadísima calidad de sus servicios y el exquisito trato al viajero. No en vano ha obtenido el premio a la mejor aerolínea del mundo Skytrax 2013.

Un premio que, naturalmente, no es gratuito. Para lograr el galardón, Emirates ha tenido que hacer gala de una de las flotas más modernas del mundo, compuesta en gran parte por los enormes Boeing 777 o los modernísimos A380.

Tecnología a servicio de las personas

Ahora bien: esta compañía entiende que la tecnología y los aparatos son importantes, sí, pero siempre y cuando estén al servicio de las personas. Prueba de ello son los servicios que, aunque puedan necesitar avances tecnológicos, son imposibles o no tienen sentido si del otro lado no hay una persona que los disfrute:

Tal es el caso de unas salas de espera a las que no les falta un solo detalle, la oferta de ocio para niños, jóvenes y, cómo no, de cine, música… para cualquier edad. Por no hablar de la posibilidad de desconectar por completo usando los servicios de un chófer.

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Las catorce horas más breves que podamos imaginar

Pero estábamos viajando a Bangkok, recordemos, antes de perdernos en detalles aplicables a casi todos los destinos. Para disfrutar de verdad de las casi catorce horas de viaje, es imprescindible, además de estar cómodo, disponer de una oferta de ocio… como la de Emirates: premiada internacionalmente.

Para empezar, viajaremos en un lujoso A380 en determinados vuelos. Por supuesto, podemos disfrutar de las suites de primera clase, los asientos cien por cien reclinables de la business y del sistema de ocio de a bordo, con más de 1.500 (sí: mil quinientos, no es ninguna errata) canales a la carta, disponibles para todas las clases.

Rompemos nuestra promesa

Aunque habíamos dicho que nos quedaríamos en el aterrizaje, no podemos resistirnos a comentar, sólo que sea someramente, qué hacer a nuestra llegada. Y es que llegar a un lugar en el que la hora es… cinco horas después puede suponer un desajuste importante para el cuerpo, de modo los clientes de la compañía pueden hacer uso de sus modernas instalaciones al llegar, para recuperarse del viaje y de los inevitables inconvenientes de las horas de vuelo.

Asimismo, está la opción de acercarnos del aeropuerto a la cuidad en una eficiente red de transporte público –el Airport Rail Link es muy recomendable, así como lo son los taxis, a precios bastante razonables- y la posibilidad, si hemos viajado en primera o business de disfrutar del servicio de chófer gratuito de Emirates.

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Bangkok bien vale un cambio de planes

Una vez en Bangkok (lo dicho: vale la pena romper el plan de no hacerlo para hablar de este  destino), disfrutaremos de una experiencia, más que de una ciudad. Es difícil elegir entre tantos y tan extraordinarios restaurantes donde comer e imposible olvidar unos monumentos y unos templos que se quedan grabados como una foto en nuestro recuerdo.

Esta es una ciudad que percibimos como grande, exótica y, a la vez cosmopolita, nada más aterrizar. Es la capital de Tailandia, pero es algo -mucho- más. Claro que ese algo más resulta  difícil de explicar. Quizá la expresión que nos aproxime a ello sea la de “embrujo oriental”, aunque también esta se queda bastante corta.

En cualquier caso, y remitiéndonos al primer párrafo, Este viaje se encuentra dentro de las experiencias para las que las palabras se quedan muy cortas. Sólo podemos hacer una cosa y recomendar la experiencia.

Se trata de llevar cuerpo y mente abiertos al disfrute desde el momento en el que pisamos la sala de espera de Madrid hasta que regresamos a esta misma sala a reponernos unos instantes, tras en el vuelo de vuelta. Entre una y otra estancia: Bangkok con Emirates. Ponga usted las palabras, si es capaz.